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Derechos de autor en la música 101

Todo sobre los derechos de autor en la música: protección legal, pago justo, propiedad intelectual y qué necesitas para registrar tus obras.

· Por Unchained Music Team · 15 Mins de lectura
Derechos de autor en la música 101

Guía completa de derechos de autor en la música (actualizada en 2023)

Todo sobre los derechos de autor en la música: protección legal, pago justo, la ley, los derechos de propiedad intelectual y los requisitos de registro. Cuando publicas tu música en Spotify o la distribuyes con una distribuidora, conviene saber qué derechos y qué obligaciones tienes bajo la ley de derechos de autor.

¿Qué son los derechos de autor en la música?

Los derechos de autor en la música son una forma de protección legal para las obras musicales originales, como tracks, melodías, obras artísticas y álbumes. Le dan a quien crea la obra el derecho exclusivo de controlar su uso durante cierto tiempo. Ese control incluye el derecho a reproducir, distribuir, ejecutar, exhibir y crear otras obras a partir de la original. La ley de derechos de autor ayuda a que los músicos reciban un pago justo por su trabajo y a que sus creaciones queden protegidas contra el uso no autorizado.

En muchos países la protección es automática desde que se crea la obra, pero en algunos casos hace falta registrarla ante el gobierno u otra entidad oficial para asegurar la protección completa. La duración cambia de país en país, aunque en la mayoría dura toda la vida de quien creó la obra más cierto número de años después de su muerte.

¿Por qué importan los derechos de autor para un músico?

Importan por varias razones:

Protección económica: la ley de derechos de autor le da al músico el derecho exclusivo de controlar el uso de sus obras, incluido el derecho a ganar dinero con ellas. O sea que si alguien quiere usar la obra de un músico, tiene que pedir permiso y pagar por ese privilegio. Esa protección económica es crítica para quien vive de lo que crea.

Control sobre el uso de la obra: la ley le da al músico el derecho de controlar cómo se usa lo que hizo. Ahí entra el derecho a aprobar o rechazar el uso en grabaciones, presentaciones en vivo, comerciales, películas o cualquier otro contexto. Con ese control, un músico mantiene la integridad de sus obras y cuida su reputación.

Reconocimiento y crédito: la ley le da al músico el derecho de recibir reconocimiento y crédito por lo que hizo. Ahí entra el derecho a que su nombre aparezca junto a la obra y a que se le atribuya correctamente su aportación.

Protección legal: la ley protege al músico contra el uso no autorizado de sus obras. Eso incluye el derecho a demandar a quien use esa música sin permiso, por ejemplo haciendo grabaciones no autorizadas, reproduciendo partituras o usando letras sin permiso.

¿Cómo puede un músico infringir los derechos de autor de otro?

Un músico puede infringir los derechos de autor de otro de las siguientes formas:

Sampling: usar una porción de la grabación de alguien más en una composición nueva sin permiso puede contar como infracción. Para samplear la obra de otro artista, normalmente hace falta una licencia mecánica y además negociar con quien posee la composición original o con su representante, por ejemplo una editora o un sello. Los términos de la licencia suelen incluir cuánto de la obra original se está usando, cómo se va a usar y cuánto va a pagar el artista por el derecho a usar el sample.

Hacer un cover: interpretar o grabar la canción de alguien más sin permiso, salvo que esté en el dominio público, puede contar como infracción. Para hacer un cover en Estados Unidos se necesita una licencia obligatoria (compulsory license). Es un mecanismo legal que permite grabar una versión de una canción ya grabada sin pedirle permiso al titular de los derechos, siempre que se pague una tarifa de regalías fijada por ley.

Copiar partituras: reproducir las partituras o los arreglos de alguien más sin permiso puede contar como infracción. Para copiar una partitura normalmente hace falta una licencia de impresión (print license) del titular de los derechos de la composición. Esa licencia permite reproducir la composición en forma escrita, como partitura o letra, a cambio de una cuota.

Usar letras: usar la letra de alguien más sin permiso en una canción o grabación nueva puede contar como infracción. Para usar la letra de otra persona en una composición nueva normalmente hace falta una licencia de sincronización o una licencia mecánica, según cómo se piense usar.

Distribuir grabaciones piratas: distribuir grabaciones no autorizadas de presentaciones en vivo o de demos puede contar como infracción.

Atribución falsa: usar la música de alguien más y decir que es tuya puede contar como infracción.

Licencias de sincronización y licencias mecánicas


La licencia de sincronización hace falta cuando alguien quiere usar la letra de otra persona en un video o en una producción audiovisual, como un video musical o la banda sonora de una película. Se consigue normalmente con quien posee los derechos de edición de la canción y permite sincronizar la letra con imágenes.
La licencia mecánica hace falta cuando alguien quiere grabar y distribuir una composición nueva que incluye la letra de otra persona. También se consigue con quien posee los derechos de edición de la canción y permite usar esa letra en la grabación propia.

¿Qué nivel de originalidad exige la protección?

Requisitos básicos de originalidad en la música

El nivel de originalidad que se le exige a una obra musical para tener protección cambia según la jurisdicción, pero en general la obra debe mostrar un grado mínimo de creatividad. O sea que debe ser original y no una simple copia de lo que hizo alguien más.

En música, la originalidad suele demostrarse combinando elementos como melodía, armonía, ritmo y timbre de una forma propia. Por ejemplo, una canción nueva que usa una combinación particular de elementos, con melodía y progresión de acordes originales, seguramente se consideraría original y podría protegerse.

A veces una obra musical no se considera original porque se basa en una canción previa o toma elementos de otras obras. Aun así, si la obra nueva incluye una cantidad significativa de expresión original y creativa, todavía puede ser elegible para protección

El mínimo legal de creatividad

Ese nivel mínimo de creatividad suele llamarse "umbral de originalidad". El estándar busca separar las obras genuinamente originales y creativas de las que son copias o carecen de originalidad. La definición exacta del umbral cambia según la jurisdicción, pero en general una obra debe mostrar un nivel mínimo de creatividad para ser elegible. 

Por ejemplo, en algunas jurisdicciones basta con un cambio simple a una melodía existente, como un arreglo nuevo o una variación ligera, para cruzar el umbral. En otras se pide una aportación original más sustancial, como crear una melodía o una progresión de acordes completamente nuevas.

¿Se puede registrar música hecha con IA?

Si un modelo de IA puede ser titular de los derechos de autor de una canción es un asunto de interpretación legal y depende de la jurisdicción. Aun así, una obra puramente hecha por IA, sin intervención de una persona, difícilmente cumple los umbrales de creatividad y originalidad que se piden. Hoy la mayoría de las leyes establece que la protección aplica a obras originales de autoría humana. Eso abre preguntas sobre cuánta originalidad y creatividad exige la ley, y sobre si un modelo de IA puede cumplirlas.

En algunas jurisdicciones los tribunales han resuelto que las obras generadas por un programa de computadora, sin intervención humana, no son elegibles porque les falta el nivel necesario de originalidad y creatividad. En otras ha habido esfuerzos por extender la protección a obras creadas por modelos de IA. La Unión Europea, por ejemplo, propuso legislación que permitiría proteger obras generadas por IA si son originales y creativas. El alcance exacto de esa protección y los requisitos para calificar siguen en debate.

¿Quién es dueño de los derechos de autor de una obra musical?

Quien la crea suele ser el titular

En general, el titular de los derechos de autor de una obra musical es quien creó la composición. O sea que si un compositor escribe una canción nueva, es el titular inicial de esos derechos.

En el momento en que una composición se crea y queda fijada en un soporte tangible, como una grabación o una partitura, queda protegida automáticamente por la ley. El titular tiene derechos exclusivos para usar, reproducir, distribuir y ejecutar la composición, y puede licenciar esos derechos a terceros a cambio de una cuota.

En Estados Unidos no hace falta registrar los derechos para gozar de esas facultades exclusivas. Aun así, registrarlos da ciertos beneficios legales, como la posibilidad de demandar por infracción y de reclamar daños fijados por ley (statutory damages).

Vale la pena tener claro que si una composición la crean varias personas, por ejemplo un equipo de compositores, cada quien puede tener una parte de la titularidad. En esos casos, la titularidad debería repartirse entre quienes crearon la obra de forma justa y acordada por todos.

También conviene que un artista tenga claras sus obligaciones y sus propios derechos como titular, y los derechos que tienen otros para usar material protegido. Ahí entra conseguir licencias cuando alguien más quiera usar ese material, vigilar y hacer valer lo que le corresponde frente a la infracción, y dar el crédito correcto a quien creó cualquier material que uno use en su propio trabajo.

Excepción a la regla: obras musicales por encargo

Cuando una obra musical se crea como "work for hire" (obra por encargo), los derechos de autor pertenecen a la persona o entidad que la encargó, no a quien la creó.

Según la ley de derechos de autor de Estados Unidos, un "work for hire" es una obra creada por una persona empleada dentro del alcance de su empleo, o una obra encargada de forma específica para ciertos tipos de trabajo, incluidas las composiciones musicales. En el caso de una obra musical por encargo, quien la encarga se considera el autor legal y el titular de los derechos.

Titularidad conjunta de obras musicales

La titularidad conjunta ocurre cuando dos o más personas colaboran en crear una obra musical y cada quien aporta elementos protegibles. En esos casos, cada persona tiene una parte igual de los derechos de la composición, salvo que acuerden otra cosa por escrito.

Eso significa que cada cotitular puede usar y explotar la composición, y también licenciarla a terceros, sin el permiso de los demás. Aun así, cualquier ingreso que salga de ese uso o de esa licencia debe repartirse por igual entre todos los cotitulares.

La titularidad conjunta aparece en muchos escenarios: cuando varios compositores trabajan juntos en una canción, cuando un compositor y un productor arman una grabación, o cuando un compositor y un letrista se juntan para crear una obra.

A los cotitulares les conviene dejar acuerdos claros por escrito sobre la titularidad y el uso de la composición, incluido cómo se reparte el ingreso y cómo se toman las decisiones de licenciamiento y de otros usos. Eso evita pleitos y asegura que todos reciban un pago justo por lo que aportaron.

¿Qué derechos tiene el titular?

Quien es titular de los derechos de autor de una obra musical tiene, en general, estas facultades exclusivas:
Derecho de reproducción: hacer copias de la obra, incluidas grabaciones, partituras y otras reproducciones.

Derecho de distribución: distribuir copias de la obra, incluida su venta, renta o licencia.

Derecho de ejecución: ejecutar la obra en público, incluidas presentaciones en vivo y transmisiones.

Derecho de obra derivada: crear adaptaciones, arreglos u otras obras nuevas basadas en la obra original.

Derecho de exhibición: exhibir la obra en público, ya sea en presentaciones en vivo, grabaciones o reproducciones.

Derecho de ejecución digital: controlar la transmisión digital de la obra, incluida la que ocurre en los servicios de streaming.

Estas facultades le dan al titular un control importante sobre el uso de sus obras y la capacidad de generar ingresos con ellas. Al ejercerlas, puede asegurarse de que sus obras se usen de formas que respeten lo que le corresponde y el valor de lo que creó.

Vale la pena aclarar que estos derechos tienen límites y excepciones, como la doctrina del uso legítimo (fair use, en Estados Unidos), que permite un uso limitado de material protegido con fines de crítica, comentario, información, enseñanza, estudio o investigación. Esos límites y excepciones suelen ser complejos y quedan sujetos a interpretación, así que conviene consultar a un abogado para moverse bien entre los matices de la ley.

Explicación de los derechos de reproducción, distribución, ejecución y obra derivada

Derecho de reproducción: le da al titular el derecho exclusivo de hacer copias de la obra, incluidas grabaciones, partituras y otras reproducciones. Con eso controla la distribución de las copias y genera ingresos con ellas. También ayuda a evitar el uso o la distribución sin autorización.

Derecho de distribución: le da al titular el derecho exclusivo de distribuir copias de la obra, incluida su venta, renta o licencia. Con eso controla cómo circula la obra y genera ingresos con ella. También ayuda a evitar la distribución sin autorización.

Derecho de ejecución: le da al titular el derecho exclusivo de ejecutar la obra en público, incluidas presentaciones en vivo y transmisiones. Con eso controla el uso en público y genera ingresos por esas ejecuciones. También ayuda a evitar el uso sin autorización en presentaciones públicas.

Derecho de obra derivada: le da al titular el derecho exclusivo de crear adaptaciones, arreglos u otras obras nuevas basadas en la obra original. Con eso controla qué se construye a partir de lo que hizo y genera ingresos con esas obras nuevas. También ayuda a evitar el uso o la distribución sin autorización de la obra original dentro de creaciones nuevas.

Entonces, ¿cómo funciona el licenciamiento musical?

El papel de las licencias en la protección de los derechos de autor

Las licencias son clave en la protección de los derechos de autor, porque le dan al titular un mecanismo legal para controlar cómo se usan sus obras y para ganar dinero con ellas. Cuando un titular otorga una licencia, le está dando permiso a otra persona de usar material protegido de una forma específica, por un tiempo determinado y a cambio de una compensación.


Por ejemplo, una editora puede licenciarle los derechos de una canción a un sello, lo que le permite distribuirla en formato físico o digital a cambio del pago de regalías. O alguien que hace cine puede licenciar el derecho de usar una canción en una película, lo que le permite sincronizarla con imágenes y le obliga a pagarle una cuota al titular.


Las licencias protegen las obras porque dan un marco legal para su uso y distribución, y porque aseguran que quien tiene los derechos reciba un pago justo. Sin licencias sería difícil controlar cómo se usan las obras y ganar dinero con ellas, y eso podría desincentivar la creación y la distribución de obras nuevas.

Las licencias también ayudan a que las obras circulen y se compartan, porque permiten que otras personas las usen y construyan sobre ellas, sin dejar de proteger los derechos de quien creó la obra original. Ese equilibrio entre protección y difusión es una pieza central de la ley y sostiene una economía creativa viva.

Licencias mecánicas y de sincronización

La licencia mecánica y la licencia de sync son dos tipos específicos que importan mucho en los derechos de autor musicales.

Licencia mecánica: le da a una persona o entidad el derecho de reproducir y distribuir una obra musical por distintos medios, por ejemplo en una grabación física (CD o vinilo), como descarga digital o en un servicio de streaming. Normalmente se consigue a través de una organización de licenciamiento colectivo, como la Harry Fox Agency en Estados Unidos.

Licencia de sync: la licencia de sync, o licencia de sincronización, le da a una persona o entidad el derecho de usar una obra musical junto con material visual, por ejemplo en una película, una serie, un comercial o un videojuego. Normalmente se consigue directo con el titular de los derechos o con su representante, y da el derecho de usar la música de una forma específica en un medio específico.

A un músico le conviene entender ambas licencias, porque bien explotadas pueden generar ingresos importantes.

Por qué las licencias son una fuente de ingreso para los músicos

Las licencias son una fuente importante de ingreso porque dejan ganar dinero con el uso y la distribución de la música. Cuando un músico licencia lo que hizo, puede recibir pagos por el uso de sus canciones en distintos contextos: sync, mecánico, ejecución pública e impresión.

¿Qué son las regalías y cómo se pagan?

Las regalías son pagos que recibe el titular de una obra protegida a cambio del derecho a usarla de alguna forma. En la industria musical, las regalías suelen pagarse a compositores, editoras y artistas por el uso de su trabajo.

Normalmente las paga quien está usando la música: un sello, una editora, una agencia de publicidad o un servicio de streaming. El monto cambia según varios factores, como el tipo de uso, la popularidad de la canción y los términos del acuerdo entre las partes.

¿Por qué conviene registrarse en una PRO?

A un artista le conviene registrarse en una Performing Rights Organization (PRO) por varias razones:

Regalías: una PRO se encarga de cobrar las regalías de ejecución pública a nombre de sus miembros. Cuando la música de un artista suena en público, por ejemplo en la radio o en un foro, la PRO cobra las regalías que le tocan y se las paga con regularidad. Al registrarse, el artista se asegura de recibir el pago por ese uso.

Monitoreo: las PRO monitorean el uso de música en distintos espacios públicos para que las regalías se cobren y se repartan de forma justa. Eso incluye seguir la radio, los conciertos y el streaming, entre otros usos. Al registrarse, el artista se asegura de que su trabajo esté siendo rastreado y de recibir lo que le toca.

Licenciamiento: las PRO también ofrecen servicios de licencia a negocios y organizaciones que quieren usar música en espacios públicos. Al licenciar a través de una PRO, un artista gana ingreso adicional por el uso de su trabajo en distintos contextos, y además se asegura de que se use de forma legal y correcta.

Protección legal: las PRO dan protección legal a sus miembros, porque defienden sus intereses en tribunales y negocian por ellos con quienes usan música. Al registrarse, un artista se beneficia de los recursos legales y del conocimiento de la organización.

¿Qué es una infracción de derechos de autor?

Una infracción de derechos de autor es el uso no autorizado de una obra musical protegida, de una manera que viola una o más de las facultades exclusivas del titular. Ahí entra reproducir, distribuir, ejecutar, adaptar o exhibir la obra sin permiso del titular, o excediendo el alcance del permiso que se otorgó.

Una infracción es un asunto serio y puede traer consecuencias legales y económicas importantes, incluidos daños y multas. Los músicos y cualquier otro titular pueden iniciar acciones legales contra quien infringe para hacer valer lo que la ley les reconoce.

¿Qué consecuencias trae una infracción?

Las consecuencias de una infracción de derechos de autor musicales pueden ser fuertes e incluyen sanciones legales y económicas. Estas son las más comunes:

Daños económicos: el titular puede tener derecho a daños económicos por el uso no autorizado de la obra, incluidos daños reales, como las ganancias perdidas, y también daños fijados por ley (statutory damages), que pueden ser mayores que los reales.

Medidas cautelares: un tribunal puede emitir una orden que obligue a la parte infractora a detener la actividad.

Retención de copias infractoras: un tribunal puede ordenar la retención o la destrucción de las copias infractoras de una obra.

Sanciones penales: en algunos casos la infracción puede ser un delito y traer multas y prisión.

Honorarios de abogados y costas: el titular que gana el caso puede tener derecho a recuperar los honorarios de sus abogados y las costas del juicio a cargo de la parte infractora.

¿Cómo protejo mi música contra una infracción?

Un músico puede dar varios pasos para protegerse:

Registra tus obras en la oficina de derechos de autor: registrar tus obras es el primer paso para proteger lo que hiciste. Crea un registro público de tu titularidad y facilita hacer valer tus derechos si aparece una infracción.

Usa una marca de agua o un identificador: agregarle un identificador único a tus grabaciones, como una marca de agua de audio, ayuda a desalentar la infracción porque vuelve más fácil detectar y rastrear los usos no autorizados.
Vigila si hay infracciones: revisar con regularidad si alguien está usando tus obras sin permiso, en línea y fuera de línea, te ayuda a detectar y atender el problema lo antes posible.
Consigue las licencias correctas: obtener las licencias necesarias, como las mecánicas y las de sync, ayuda a que tus obras se usen de forma legal y a que te paguen por ese uso.
Manda cartas de cese y desistimiento: si crees que están usando tus obras sin permiso, mandar una carta de cese y desistimiento a la parte infractora suele ser una forma efectiva de parar la actividad y negociar una salida.
Considera un seguro: existe un seguro contra infracción de derechos de autor que ayuda a cubrir los costos de defenderse, incluidos los honorarios de abogados y las costas del juicio.
Busca asesoría legal: si crees que infringieron lo que te corresponde, la asesoría legal es la vía más efectiva para hacer valer tus derechos y proteger tus intereses. Un abogado te ayuda a moverte en el proceso y a que tus derechos queden protegidos.

A un músico le conviene ser proactivo y actuar si aparece una infracción. Con estos pasos, sus obras se usan de forma legal y recibe un pago justo por ese uso.

Protección internacional de derechos de autor

¿Qué es el Convenio de Berna?

El Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conocido simplemente como Convenio de Berna, es un tratado internacional que fija estándares mínimos de protección de derechos de autor para obras literarias y artísticas. Se firmó por primera vez en 1886 en Berna, Suiza, y desde entonces se ha revisado varias veces para actualizar y ampliar sus disposiciones.

El Convenio obliga a los países miembros a dar protección automática y mínima a las obras creadas por nacionales de otros países miembros. O sea que si alguien crea una obra en un país miembro, queda protegido automáticamente en todos los demás, sin necesidad de registro ni de otras formalidades.

El tratado también fija ciertos derechos mínimos para los titulares, incluido el derecho exclusivo de autorizar la reproducción, la distribución y la ejecución pública de sus obras. La duración de la protección también viene en el tratado, con un plazo mínimo de la vida del autor más 50 años.

Al 2021 hay 179 países miembros del Convenio de Berna, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón y muchos más. Es uno de los acuerdos internacionales más importantes para la protección de la propiedad intelectual y ha marcado el desarrollo y la aplicación de la ley de derechos de autor en todo el mundo.

Para cerrar: derechos de autor para músicos

Los derechos de autor son una pieza central de la industria musical, porque le dan al músico el derecho exclusivo de controlar el uso de lo que crea. Esa protección hace posible recibir un pago justo por el trabajo y decidir cómo se usa y se distribuye la música. Entenderlos es indispensable para cualquier músico: dan protección económica, control sobre el uso de la obra, reconocimiento y crédito, y respaldo legal.

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